Traducimos sobre la edición de Ottino (Vid. Bibl. IV) y la de Meunier (id.); las notas proceden de la edición Meunier (páginas 67-114) (excepto los números 3, 12 y 14).
Himno a Helios
Óyeme, oh rey del Fuego inteligible,
Titán de dorados frenos,
Óyeme, oh custodio de la luz, señor
Que posees la llave de la fuente inicial
De la vida, y que derramas sobre los mundos materiales,
Desde lo alto, una copiosa armonía.
Óyeme, tú que en el éter estás entronizado
En el trono central, y poseyendo el corazón
Del mundo — oh resplandeciente círculo -,
Por tu providencia excitatriz,
Difundiste por el universo
Las mentes capaces de conocer.
Y también (difundiste el conocimiento) en los planetas, Preñados de tus vivientes llamaradas,
Mientras que en la tierra
Llueven gérmenes de vida, volteando,
Infatigablemente, perennes danzas;
Y mientras, en los siglos, ya engendrados, Prosigue el transcurrir de las Horas,
Germinando bajo (el paso) de tus ruedas siempre girantes.